OBRAS / Yo en la casita de cristal

Casa tomada

Un grupo de artistas con búsquedas absolutamente diversas, se reúnen e invaden una casa. La toma no es por la fuerza, sino a través del arte. Cada uno se reparte una habitación. Son ocho en total y funcionan bajo un mismo ánimo que persiste: dejar huella de sus sensibilidades.

El recorrido que surge de esta toma es intenso. De pronto las tensiones espaciales entre una y otra ocupación se vuelven evidentes. Cada uno busca en su camino recorrido y encuentra las respuestas. El espacio es transmutado en la energía que de cada uno emana, en las obsesiones, en los anhelos, en los recuerdos. El aire del Centro de Arte Contemporáneo se modifica a medida que cada uno se apropia de una parte. Los artistas lo cambian todo porque de eso son capaces. Esa es la virtud del arte: transformar.

Daniela Córdoba despliega una instalación en la que pone al espectador en una tensión disyuntiva. El espacio pensado como construcción psicológica provoca un fluctuar entre opuestos: la fragilidad del cristal que contiene lo incontenible y el bosque como soporte del afuera. El carbón trazando huellas, montes, profundidades y la luz tiñendo el soporte de nuestro propio cuerpo. Hay una intención de síntesis de emociones vividas por la artista, para re-convertirlas en nuevas experiencias cuya intensidad será capaz de crecer de acuerdo al progreso de la actividad allí desarrollada. Según sus propias palabras: “El bosque circundante mece la casita que parece flotar como un témpano en la oscuridad. Tomo la casita y la habito aunque hacerlo se torna difícil por el cambio de escala. La casa me alberga, me anida, me contiene; miro a través de sus muros mi paisaje. La casita de ensueño, en donde apenas entro, me incomoda, me aprisiona. El hogar se exorciza a través de la imagen, y la acción”.

Curador Marcos Acosta